Un estudio con la Universidad Autónoma de Barcelona ya logró datar directamente un alimento conservado en una vasija indígena entre los siglos IX y XI, uno de los pocos casos de este tipo documentados en el mundo
El Museo Arqueológico de Fuerteventura (MAF), con sede en Betancuria, ha ampliado una línea de investigación científica que busca reconstruir la dieta y la economía del pueblo majo a partir de los residuos orgánicos que quedaron atrapados en su cerámica hace siglos. Tras los resultados obtenidos en una primera fase, el equipo ha iniciado ahora el análisis de catorce nuevas piezas procedentes de distintos yacimientos de la isla.
El objetivo es averiguar qué alimentos almacenaban y procesaban los antiguos habitantes de Fuerteventura en sus recipientes, y qué puede decirnos eso sobre cómo se adaptaron a uno de los territorios más áridos del archipiélago canario durante más de 1.500 años de ocupación.
Una investigación que arrancó en 2024
La línea de trabajo se puso en marcha hace dos años con el estudio de dos recipientes cerámicos de las colecciones del propio museo. Los análisis, dirigidos por el investigador Adrià Breu, de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), combinaron cromatografía de gases, espectrometría de masas y análisis isotópicos para identificar qué sustancias habían quedado retenidas en la porosidad de la cerámica durante más de mil años.
Entre los hallazgos de esa primera fase destacó la identificación de grasa animal no láctea, probablemente de cabra u oveja, en el interior de una de las piezas. El estado de conservación de esos residuos era tan bueno que permitió, además, realizar una datación directa del propio alimento almacenado: entre los siglos IX y XI de nuestra era. Se trata de uno de los primeros casos documentados de este tipo de datación a partir de residuos orgánicos conservados en cerámica arqueológica.
Catorce piezas más bajo estudio
Animado por esos resultados, el MAF ha extendido ahora el análisis a catorce nuevas piezas cerámicas procedentes de varios yacimientos de la isla. Algunas conservan sedimentos visibles en sus superficies internas, lo que podría aportar información adicional sobre qué se almacenaba o cocinaba en ellas y sobre el uso cotidiano que los majos daban a su cerámica.
El consejero de Patrimonio Histórico del Cabildo de Fuerteventura, Rayco León, ha destacado que la aplicación de estas técnicas científicas permite seguir descubriendo aspectos inéditos del pasado de la isla, y ha reconocido que, pese a los avances de los últimos años en el conocimiento del pueblo majo, todavía quedan muchas preguntas por responder.
Qué aporta este tipo de análisis
Más allá del dato concreto de cada vasija, este tipo de estudios permite abordar una pregunta más amplia: cómo logró sobrevivir durante siglos una sociedad sin metal ni escritura conocida en un territorio árido y con recursos limitados. La ganadería —especialmente de cabras y ovejas, ya presente en los primeros resultados— parece haber sido clave en esa adaptación, junto al aprovechamiento integral de los recursos disponibles en la isla.
La toma de muestras se realiza en las propias instalaciones del Museo Arqueológico de Fuerteventura, mientras que el análisis de laboratorio se desarrolla en la Universidad Autónoma de Barcelona, en colaboración con el laboratorio de datación por radiocarbono BRAMS y la Unidad de Geoquímica Orgánica de la Universidad de Bristol. Esta combinación de centros especializados en distintos países da una idea del nivel de precisión que exige este tipo de arqueología científica.
Betancuria, sede del conocimiento sobre los majos
El Museo Arqueológico de Fuerteventura tiene su sede en Betancuria, antigua capital de la isla y núcleo político, administrativo y religioso durante siglos. Su colección reúne materiales originales —cerámicas, útiles líticos y otros objetos cotidianos— procedentes de yacimientos de toda la isla, lo que convierte al museo en un punto de referencia obligado para entender cómo vivieron los majos antes de la conquista europea del siglo XV.
Cada pieza analizada se suma a ese conocimiento acumulado y ayuda a completar un relato histórico que todavía se sigue escribiendo, gracias a la colaboración entre instituciones insulares y equipos científicos especializados en distintos países.
Fuente: comunicado oficial del Cabildo de Fuerteventura (9 de julio de 2026).