
En el espigón de la Playa de Los Pozos, en Puerto del Rosario, hay una mujer que nunca termina de zambullirse. La llaman “Fémina”, y aunque está hecha de granito de Betancuria, parece estar viva: esculpida justo en el segundo en que su cuerpo se arquea hacia el mar, como si quisiera unirse a las olas de Fuerteventura para siempre.
La obra, realizada por el artista cubano Carlos Eloy Perera Cosme, nació en el marco del III Simposio Internacional de Escultura de Puerto del Rosario, un evento que transformó, en 2017, la capital majorera. La pieza mide 1,40 metros de largo, 1,10 de alto y 85 centímetros de ancho. Sin embargo, su verdadera esencia es que conversa con el horizonte.
Quien pasea por la zona no solo ve una figura, sino un gesto detenido: un homenaje a la fuerza femenina, al movimiento y al vínculo íntimo del ser humano con el mar.
Un escultor que esconde mares en sus obras
Detrás de esta mujer de granito está la mano y la memoria de Carlos Eloy Perera Cosme, nacido en La Habana en 1973. Su infancia estuvo marcada por relatos de marineros y vírgenes costeras que su abuelo le contaba camino al Malecón. Quizás por eso, en su obra el agua y el litoral son más que paisajes: son símbolos de fe, resistencia y pertenencia.

Formado en la Academia de San Alejandro y en talleres de cerámica en Cuba, Perera desarrolló un estilo que combina materiales diversos —del granito al hierro, del barro a la madera— con una profunda vocación urbana. Sus piezas no buscan esconderse en museos, sino convivir con la gente.
En el Malecón habanero, por ejemplo, dejó dos de sus gestos más discretos y poéticos: una bandera cubana de cerámica, pegada al muro costero, y una Virgen de la Caridad del Cobre escondida entre arrecifes. Ambas sobreviven al paso del tiempo y del oleaje, casi como secretos compartidos entre el arte y el mar.
Puerto del Rosario: un museo al aire libre
“Fémina” no está sola en Fuerteventura. Comparte espacio con más de un 150 obras. Perera cuenta con dos más:“Tótem”, tallado en madera de iroko, y el monumental “Autoestopista”, ensamblado con materiales reciclados y colocado en la entrada de Puerto del Rosario, donde saluda a viajeros y curiosos por igual. Distintas en técnica y en escala, estas piezas tienen algo en común: convierten a la ciudad en un museo abierto, donde el arte se entrelaza con la rutina diaria.
No me había fijado en esta escultura