
La escultura de las gafas de Unamuno
A veces, los lugares más significativos no necesitan grandes gestos para emocionar. Basta una forma sencilla y el silencio del paisaje. En este tranquilo rincón del paseo marítimo que une Playa Blanca con Los Pozos, una escultura en forma de gafas gigantes invita a detenerse. Y no a mirar, sino a ver.
Unas gafas frente al mar
A primera vista, la escultura destaca por su sencillez formal: unas gafas de metal, grandes, sobrias, austeras, que evocan de inmediato la figura de Miguel de Unamuno, exiliado en Fuerteventura en 1924. Colocadas en un punto estratégico del paseo, parecen asomarse al mar, como si el escritor —o su espíritu— continuara contemplando el horizonte inmenso del Atlántico.
Pero si te acercas, si te colocas justo donde se alinean sus lentes con el paisaje, ocurre algo más profundo: no estás mirando simplemente el mar. Estás viendo Fuerteventura a través de los ojos de Unamuno.
Una mirada que transforma el paisaje
Lo que podría parecer una instalación escultórica más se revela como un dispositivo simbólico y poético. Las gafas no representan solo un objeto cotidiano del escritor; representan su mirada, su capacidad de ver más allá de la superficie. A través de ellas, el visitante es invitado a contemplar la isla con una sensibilidad distinta, más introspectiva, más espiritual.

Durante su confinamiento en la isla, Unamuno encontró un refugio inesperado. La soledad, el viento, el silencio, la vastedad del paisaje majorero —tan alejado de los escenarios urbanos de su vida anterior— se convirtieron en fuente de consuelo, revelación y poesía. Lo expresó en cartas y escritos que hoy conforman una geografía íntima de la isla. Una de esas cartas, dirigida a Ramón Castañeyra, está inscrita al pie de la escultura:
¡Fuerteventura! ¡mi Fuerteventura! Si viera que mi fin se me acercaba y que no podía morir en mi tierra más propia, en mi Bilbao donde nací y me crié, o en mi Salamanca, donde han nacido y se han criado mis hijos, iría a acabar mis días ahí, a esa tierra santa y bendita, ahí, y mandaría que me enterrasen o en lo alto de la montaña Quemada, o al lado de ese mar, junto a aquel peñasco al que solía ir a soñar, o en Playa Blanca.
La escultura fue inaugurada en diciembre de 2024 como cierre del programa conmemorativo “Fuerteventura a través de su mirada”, que celebró el centenario del exilio de Unamuno en la isla. Lejos de limitarse a un homenaje literario, la iniciativa propuso una reflexión profunda sobre el vínculo entre paisaje e identidad, entre historia y transformación.
El programa se articuló en torno a dos grandes ejes:
- El valor simbólico y paisajístico de Fuerteventura, tal como lo experimentó Unamuno: una tierra de silencio elocuente, de belleza sobria, de espiritualidad natural.
- La transformación socioeconómica y cultural de la isla en el último siglo, desde una sociedad agrícola aislada hasta una comunidad abierta, diversa y en constante evolución.
Un rincón para sentir Fuerteventura
Este espacio no es solo un monumento a un escritor. Es un lugar para respirar y conectar con el entorno. Desde el banco que lo acompaña, se oye el mar, se siente el viento, y se percibe una energía sutil: la de un lugar habitado por la memoria y la emoción.
Estas gafas gigantes no solo proyectan una historia: te invitan a reinterpretar la isla con los ojos del pensamiento, la emoción y la contemplación.
Cómo llegar
La escultura se encuentra en el nuevo paseo marítimo que une los hornos de cal de Los Pozos con Playa Blanca. Es un recorrido accesible y tranquilo, ideal para una caminata al alba o al atardecer en verano.
Un paseo recomendable para ir en buena compañía, conversando y haciendo fotos 😉
Esta escultura la descubrí hace muy poquitos días.
El paseo hasta Playa Blanca es precioso