Molina de Valles de Ortega

Fuerteventura, la segunda isla más grande del archipiélago canario, no solo alberga espectaculares paisajes naturales, sino que también atesora una rica herencia cultural, especialmente en lo que respecta a su patrimonio etnográfico. Entre sus tesoros más destacados se encuentran los molinos y molinas, testigos silenciosos de la economía cerealista que caracterizó a la isla en tiempos pasados.

Con casi cuarenta molinos en su territorio, Fuerteventura ha sabido preservar estas estructuras históricas, siendo 23 de ellos reconocidos como Bienes de Interés Cultural, con la prestigiosa categoría de Monumento Histórico. Entre ellos, destaca la Molina de Valles de Ortega, una de las más singulares y emblemáticas de la isla.

La historia de las molinas se remonta a la segunda mitad del siglo XIX, cuando el palmero Isidoro Ortega Sánchez ideó el innovador concepto de las molinas harineras, conocidas como el «sistema Ortega».

A diferencia de los tradicionales molinos tipo torre, las molinas diseñadas según este sistema presentaban una estructura única: una planta rectangular de una sola altura coronada por una torre cuadrada de madera que sostenía el rotor. Esta disposición permitía una mayor eficiencia en la molienda del grano y una notable versatilidad en comparación con sus contrapartes circulares.

En el caso de la Molina de Valles de Ortega, su singularidad radica en el hecho de que es la única en Fuerteventura que conserva sus doce aspas originales. Ubicada en el lomo de Los Gomeros, en el municipio de Antigua, esta estructura de piedra natural se erige como un testimonio vivo de la ingeniería y la artesanía tradicional de la isla.

La historia de esta molina está entrelazada con la visión empresarial de Salvador Falero López, quien en la década de 1940 adquirió y trasladó la estructura desde La Palma con la intención de establecer una operación industrial a gran escala. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos por modernizarla con un sistema de doble molienda, la molina experimentó dificultades técnicas y tuvo una actividad limitada.

A lo largo de los años, la Molina de Valles de Ortega ha sido objeto de varios intentos de restauración y revitalización. En 1987, durante uno de estos esfuerzos de restauración, se consideró convertir una de las estancias en un taller-museo para exhibir productos típicos de Fuerteventura, aunque este proyecto nunca se materializó.

Hoy en día, la Molina de Valles de Ortega, también conocida como Molina de Salvador Falero y Molina de Juan Díaz, es propiedad pública y ha sido reconocida como Bien de Interés Cultural desde 1994. Más que una reliquia del pasado, esta molina representa un vínculo tangible con la historia y la identidad de Fuerteventura, recordándonos la importancia de preservar y celebrar el rico patrimonio cultural de la isla para las generaciones futuras.

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